Economía verde: la generación de energía

Comienza en Copenhague la Cumbre de la ONU sobre el Cambio Climático

Vídeo del Servicio Audiovisual de la Comunidad Europea sobre energías renovables

La cumbre de Copenhague, ARTíCULO CONJUNTO DE 56 PERIóDICOS DE 45 PAíSES: Frente a una grave emergencia

generador eléctrico por energía de las mareas
Las negociaciones internacionales ya están en curso para elaborar un acuerdo global que rija la acción contra el cambio climático en el período posterior a 2012, cuando expiren las disposiciones clave del Protocolo de Kyoto.

Este acuerdo a empezado hoy a negociarse con el inicio de la celebración de la Conferencia sobre el Cambio Climático de la ONU, que tendrá lugar en Copenhague los días 7-18 de diciembre 2009.


Llegar a un acuerdo que sea global y ambicioso es una prioridad para la UE, que ha estado durante mucho tiempo en la vanguardia de la acción internacional para combatir el cambio climático. Los países de la Unión Europea son actualmente los líderes mundiales en el desarrollo y la aplicación de las energías renovables.

Promover el uso de fuentes de energía renovable es importante tanto para la reducción de la dependencia de la UE de las importaciones de energía extranjeras, como para el cumplimiento de los objetivos de lucha contra el calentamiento global.

Ya en 2007, los líderes de la UE firmaron un acuerdo vinculante con el objetivo de que el 20% de sus necesidades de energía fueran fuentes renovables como la biomasa, hidráulica, eólica y solar en 2020.

El 23 de enero de 2008, la Comisión presentó los objetivos diferenciados para cada Estado miembro de la UE, basado en el PIB per cápita de cada país.

Para ilustrar este caso, el Servicio Audiovisual de la Comunidad Europea ha elaborado una serie de "Stockshots" sobre la economía verde, el primero de esta serie, "economía verde: la generación de energía", contiene las imágenes siguientes:

pelamis

- La energía eólica;
- El poder del agua;
- Bioetanol;
- Exposiciones;
- Bioetanol;
- La biomasa;
- Y la energía solar.


Del minuto 8 al 15 podemos ver unas imágenes de generación de energía eólica marina con las instalaciones situadas en Strangford Lough, en la costa de Irlanda del Norte, de la turbina de marea SeaGen y del proyecto Pelamis:

00:08:15 Focas y las aves en la zona de la turbina SeaGen marea se ha instalado (5 tomas)

00:08:42 Primeros planos que muestran las palas del rotor de la turbina SeaGen dobles y la cabina, y las hojas desapareciendo bajo el agua cuando el generador está bajando. Para obtener más información, véase www.seageneration.co.uk (8 tomas)
 
00:09:30 Animación que muestra cómo funciona la turbina de mareas

00:10:14 Vista general de la superficie de la turbina de mareas

00:10:24 Vistas de la ciudad y los postes de electricidad (8 tomas)

00:11:13 Vistas exteriores de la empresa "Pelamis Wave Power" en Escocia. Con más de 70 empleados, Pelamis Wave Power Ltd es una de las mayores renovables en el Reino Unido entre las empresas de fabricación de la tecnología energética. Pelamis es el fabricante de un sistema único para generar energía eléctrica renovable a partir de las olas del mar. Para obtener más información, consulte (www.pelamiswave.com 2 disparos)

00:11:26 Los empleados trabajando en el diseño y las pruebas del convertidor de energía de las olas (10 fotos)

00:12:22 Puntos de vista de la fabricación de los cilindros de conversor de energía (16 fotos)

00:14:09 Empleados durante las pruebas de los productos (4 tomas)

00:14:32 Vistas del transporte del convertidor de energía en el mar (4 tomas)

00:14:55 Convertidor de energía en movimiento, con las olas en el mar (3 secuencias)

Crédito: © Unión Europea, 2009

La cumbre de Copenhague ARTíCULO CONJUNTO DE 56 PERIóDICOS DE 45 PAíSES

(Editorial en El País )

Frente a una grave emergencia

Hoy, 56 periódicos en 45 países han decidido dar el paso sin precedentes de hablar con una sola voz a través de un editorial común. Lo hacemos porque la humanidad se enfrenta a una grave emergencia.

Si no nos unimos para emprender acciones decisivas, el cambio climático causará estragos en nuestro planeta y, con él, en nuestra prosperidad y nuestra seguridad. Los peligros son evidentes desde hace una generación. Ahora, los hechos han empezado a hablar por sí solos: 11 de los últimos 14 años han sido los más calientes que se registran, el casquete polar del ártico está derritiéndose y la increíble subida de los precios del petróleo y los alimentos el año pasado nos ofrece un anticipo del caos que se avecina. En las publicaciones científicas, la cuestión ya no es si la culpa es de los seres humanos, sino cuánto tiempo nos queda para limitar los daños. Y, sin embargo, hasta ahora, la respuesta del mundo ha sido débil y desganada.

El cambio climático se ha ido produciendo durante siglos, tiene consecuencias que persistirán para siempre y nuestras perspectivas de controlarlo se van a decidir en los próximos 14 días. Pedimos a los representantes de los 192 países reunidos en Copenhague que no vacilen, que no caigan en disputas, que no se echen las culpas unos a otros, sino que aprovechen la oportunidad surgida del mayor fracaso político contemporáneo. ésta no debe ser una lucha entre el mundo rico y el mundo pobre, ni entre el Este y Occidente. El cambio climático afecta a todos, y todos deben resolverlo.

La base científica es compleja pero los datos están claros. El mundo necesita tomar medidas para limitar el ascenso de la temperatura a 2 grados centígrados, un objetivo para el que será preciso que las emisiones mundiales alcancen su tope y empiecen a disminuir entre los próximos cinco y 10 años. Una subida mayor, de 3 o 4 grados centígrados -el mínimo aumento que, siendo prudentes, podemos prever si no se hace nada-, secaría los continentes y convertiría tierras de cultivo en desiertos. Podría extinguirse la mitad de todas las especies, millones de personas se verían desplazadas y el mar inundaría países enteros.

Son pocos los que creen que, a estas alturas, pueda salir de Copenhague un tratado perfectamente definido; sólo fue posible empezar a avanzar verdaderamente en esa dirección con la llegada del presidente Obama a la Casa Blanca y el cambio total en la política de obstruccionismo que Estados Unidos mantenía desde hace años. Y el mundo sigue estando a merced de la política interior norteamericana, porque el presidente no puede comprometerse por completo a emprender las acciones necesarias hasta que el Congreso lo autorice.

Pese a ello, los políticos, en Copenhague, pueden y deben ponerse de acuerdo en los elementos esenciales de un acuerdo justo y eficaz y, sobre todo, en un calendario firme para que ese acuerdo se convierta en tratado. Deberían imponerse como plazo la reunión de la ONU sobre el clima que se celebrará el próximo mes de junio en Bonn. Como dice un negociador: "Podemos ir a la prórroga, pero no podemos permitirnos el lujo de volver a jugar el partido".

El núcleo del acuerdo debe ser un pacto entre los países ricos y los países en vías de desarrollo que aborde cómo se va a repartir la carga de luchar contra el cambio climático y cómo vamos a compartir algo que ahora es muy valioso: el billón aproximado de toneladas de carbono que podemos emitir antes de que el mercurio ascienda a niveles peligrosos.

Las naciones ricas son aficionadas a señalar la verdad aritmética de que no puede haber solución hasta que algunos gigantes en vías de desarrollo como China tomen medidas más radicales que hasta ahora. Pero el mundo rico es responsable de la mayor parte del carbono acumulado en la atmósfera, tres cuartos del dióxido de carbono emitido desde 1850. Ahora tiene el deber de tomar la iniciativa, y cada país desarrollado debe comprometerse a serias reducciones que disminuyan sus emisiones a un nivel muy inferior al de 1990 de aquí a 10 años.

Los países en vías de desarrollo pueden destacar que no son ellos los causantes del grueso del problema y que las regiones más pobres del mundo van a ser las más afectadas. Pero van a contribuir cada vez más al calentamiento y, por consiguiente, también ellos deben comprometerse a emprender acciones significativas y cuantificables. Aunque no han llegado a lo que algunos esperaban, los recientes compromisos de los dos mayores contaminantes del mundo, Estados Unidos y China, han sido pasos importantes en la debida dirección.

La justicia social exige que el mundo industrializado rebusque en su cartera y se comprometa a dar dinero para ayudar a los países más pobres a adaptarse al cambio climático y a suministrarles tecnologías limpias que les permitan tener un crecimiento económico sin aumentar sus emisiones. También es preciso fijar la arquitectura de un futuro tratado, con una rigurosa vigilancia multilateral, recompensas justas a cambio de la protección de los bosques y la evaluación creíble de la "exportación de emisiones" para que la carga acabe repartiéndose de forma más equitativa entre quienes fabrican productos contaminantes y quienes los consumen. Y la justicia exige también que la carga que corresponda a cada país desarrollado tenga en cuenta su capacidad de soportarla; por ejemplo, los miembros más nuevos de la UE, a menudo, mucho más pobres que "la vieja Europa", no deben sufrir más que sus socios más ricos.

La transformación será cara, pero mucho menor que la factura de rescatar al sector financiero mundial, y mucho menos costosa que las consecuencias de no hacer nada.

Muchos de nosotros, sobre todo en los países desarrollados, tendremos que cambiar nuestro estilo de vida. La era de los vuelos que cuestan menos que el trayecto en taxi al aeropuerto se acerca a su fin. Tendremos que comprar, comer y viajar de forma más inteligente. Tendremos que pagar más por nuestra energía y utilizarla menos.

Pero el paso a una sociedad que emita poco carbono ofrece la perspectiva de más oportunidades que sacrificios. Ya hay algunos países que han reconocido que hacer esa transformación puede aportar crecimiento, puestos de trabajo y mejor calidad de vida. El flujo de capitales es un dato significativo: el año pasado, por primera vez, se invirtió más en formas renovables de energía que en producir electricidad a partir de combustibles fósiles.

Para librarnos de nuestra adicción al carbono en sólo unas décadas serán necesarias proezas de ingeniería e innovación comparables a las más grandes de nuestra historia. Pero, mientras que la llegada del hombre a la Luna o la división del átomo surgieron del conflicto y la rivalidad, la carrera del carbono debe nacer de un esfuerzo de colaboración para lograr la salvación colectiva.

La victoria sobre el cambio climático exigirá un triunfo del optimismo sobre el pesimismo, de la visión de futuro sobre la estrechez de miras, de lo que Abraham Lincoln llamó "los ángeles buenos de nuestra naturaleza".

ése es el ánimo con el que periódicos de todo el mundo hemos firmado conjuntamente este editorial. Si nosotros, con puntos de vista nacionales y políticos tan diferentes, podemos ponernos de acuerdo sobre lo que hay que hacer, seguro que nuestros dirigentes también son capaces de hacerlo.

Los políticos presentes en Copenhague tienen el poder de determinar cómo nos juzgará la historia: una generación que vio un reto y le hizo frente, o una tan estúpida que vio el desastre pero no hizo nada para evitarlo. Les rogamos que tomen la decisión acertada.

Este artículo lo suscriben los siguientes periódicos: Süddeutsche Zeitung (Alemania), Gazeta Wyborcza (Polonia), Der Standard (Austria), Delo (Eslovenia), Vecer (Eslovenia) Zimbabue Botsuana (Suráfrica) (Suráfrica), Dagbladet Information (Dinamarca), Politiken (Dinamarca), Dagbladet (Noruega), The Guardian (Reino Unido), Le Monde (Francia), Libération (Francia), La Repubblica (Italia), EL PAíS (España), De Volkskrant (Holanda), Kathimerini (Grecia), Publico (Portugal), Hurriyet (Turquía), Novaya Gazeta (Rusia), Irish Times (Irlanda), Le Temps (Suiza), Economic Observer (China), Southern Metropolitan (China), CommonWealth Magazine (Taiwan), Joongang Ilbo (Corea del Sur), Tuoitre (Vietnam), Brunei Times (Brunei), Jakarta Globe (Indonesia), Cambodia Daily (Camboya), The Hindu (India), The Daily Star (Bangladesh), The News (Pakistán), The Daily Times (Pakistán), Gulf News (Dubai), An Nahar (Líbano), Arabic Gulf Times (Qatar), Maariv (Israel), The Star (Kenia), Daily Monitor (Uganda), The New Vision (Uganda), Zimbabwe Independent (Zimbabue), The New Times (Ruanda), The Citizen (Tanzania), Al Shorouk (Egipto), Botswana Guardian (Botsuana), Mail & Guardian (Suráfrica), Business Day (Suráfrica), Cape Argus (Suráfrica),Toronto Star (Canadá), Miami Herald (EE UU), El Nuevo Herald (EE UU), Jamaica Observer (Jamaica), La Brújula Semanal (Nicaragua), El Universal (México), Zero Hora (Brasil), Diario Catarinense (Brasil), Diaro Clarín (Argentina).

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

Etiquetas: EconomíaverdeEnergíaCopenhague

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